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Convertirnos
de invisibles a invencibles fue la consigna, citando a los valientes
de David que supieron oír el suspiro de su rey y trabajaron
para satisfacer sus deseos a pesar de los peligros.
El
Señor me dijo que te diga que “-tengo muchos hijos,
pero nadie como vos” afirmó Dante una y otra vez sobre
una multitud de jóvenes que fueron desafiados a aceptar la
gracia del perdón de Dios sobre sus vidas, y afirmó
que los propósitos de Dios van a cumplirse más allá
del propio talento e imperfección personal si aceptamos el
riesgo de afrontar la concreción de nuestros sueños.
Una sociedad que no
se sorprende más por estadios llenos, no pasará por
alto el impacto de vidas transformadas por Dios.
La estrechez mental será
lo que nos pueda limitar, no así Dios que no pone límites
a sus hijos y su labor se concentra en romper estructuras para desarrollarnos
personalmente.
La
única esperanza para un país que es sacudido de diversos
males es el protagonismo de los hijos de Dios en todas las esferas
que corresponden a esta vida.
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